Apuntes a un libro de Héctor Ghiretti sobre la izquierda

Del mismo modo que Borges se preguntaba, no sin alguna ironía, si la metafísica no era sino «una rama de la literatura fantástica», surge a veces la duda sobre en qué parcela del saber se podrían incluir los innumerables libros que, desde su surgimiento como categorías políticas, se siguen escribiendo sobre «la izquierda» y «la derecha». La respuesta ortodoxa a esta cuestión no vacilará en adscribir tales textos al género del «ensayo político», igual que para la escolástica la metafísica siempre ha sido parte del quehacer filosófico. En principio cabe, por lo tanto, calificar de ensayo político el interesante libro que hace algo más de un año ha publicado Héctor Ghiretti sobre «La izquierda» (2002), en cuyas páginas se recopilan algunos trabajos de este autor italo-argentino sobre diversos pensadores encuadrables en dicho campo ideológico.

Se trata, digámoslo de antemano, de un texto sumamente útil. Que en un solo volumen se resuman las tesis aportadas por Aron, Habermas, Bobbio, o Rorty es, de por sí, una magnífica introducción, para quienes no los hayan leído, a la obra de estos autores, mientras que, para quienes ya los conocen, el trabajo incluye otros textos en los que Ghiretti calibra las ideas de figuras menos conocidas como Kolakovski, o incluso Agnoli; también analiza la obra y la trayectoria de un español (Tierno Galván), lo cual es siempre de agradecer, sin que tampoco se echen en falta sendas reflexiones sobre los escritos de Lenin y Stalin. La nómina de ensayistas estudiados por Ghiretti se completa con dos interesantes artesanos de la utopía: Spaemann («Una perspectiva antropológica y moral»; esta abstracta pincelada freudiana en torno al principio del placer no ha de faltar en un análisis sobre la izquierda) y Molnar ( «Thomas Molnar y el gnosticismo moderno»).

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Reconstruir los puentes con Rusia

Francia e Italia han dado el primer paso. Tras cuatro años en los que los países de la UE se han negado a hablar con Rusia, es decir han negado la diplomacia justo cuando más falta hace ésta, Macron y Meloni por fin se han dado cuenta del inmenso error que es negarse al diálogo con Rusia en tiempos de guerra. Han sabido rectificar.

Ello cambia bastante las cosas. Desde 2022, la UE ha sido inflexible: no hablar con Rusia, ni tampoco con Bielorrusia. El relato es claro: «Rusia ha agredido a una democracia ejemplar por puro imperialismo en una guerra no provocada». Pero, ¿Qué pasa si el relato es falso? ¿Qué pasa si la democracia de Ucrania -uno de los países más corruptos del mundo- dista de ser ejemplar? ¿Qué pasa si Rusia no invadió por imperialismo (territorio no necesita el país más extenso del planeta), sino para proteger a los millones de rusos étnicos del Este de Ucrania cuya lengua materna había sido proscrita? ¿Qué pasa, subrayemos esto, si Rusia invadió para impedir que Ucrania, en contra de lo pactado años atrás, entrase en la NATO? ¿Qué pasa si la guerra no es improvocada?

Y, sobre todo: ¿Qué pasa si esta ruptura total con Rusia, incluso hasta negar la diplomacia y el diálogo, ha sido económicamente ruinosa para Europa? Pero Francia e Italia han entendido que la narrativa vigente hasta ahora es descabellada y perjudica sobre todo a Europa. Romper los puentes con Rusia nos perjudica a todos. Como siempre, los países mediterráneos, con más solera y sabiduría que los países norteños son, somos, los más juiciosos.

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