Reconstruir los puentes con Rusia

Francia e Italia han dado el primer paso. Tras cuatro años en los que los países de la UE se han negado a hablar con Rusia, es decir han negado la diplomacia justo cuando más falta hace ésta, Macron y Meloni por fin se han dado cuenta del inmenso error que es negarse al diálogo con Rusia en tiempos de guerra. Han sabido rectificar.

Ello cambia bastante las cosas. Desde 2022, la UE ha sido inflexible: no hablar con Rusia, ni tampoco con Bielorrusia. El relato es claro: «Rusia ha agredido a una democracia ejemplar por puro imperialismo en una guerra no provocada». Pero, ¿Qué pasa si el relato es falso? ¿Qué pasa si la democracia de Ucrania -uno de los países más corruptos del mundo- dista de ser ejemplar? ¿Qué pasa si Rusia no invadió por imperialismo (territorio no necesita el país más extenso del planeta), sino para proteger a los millones de rusos étnicos del Este de Ucrania cuya lengua materna había sido proscrita? ¿Qué pasa, subrayemos esto, si Rusia invadió para impedir que Ucrania, en contra de lo pactado años atrás, entrase en la NATO? ¿Qué pasa si la guerra no es improvocada?

Y, sobre todo: ¿Qué pasa si esta ruptura total con Rusia, incluso hasta negar la diplomacia y el diálogo, ha sido económicamente ruinosa para Europa? Pero Francia e Italia han entendido que la narrativa vigente hasta ahora es descabellada y perjudica sobre todo a Europa. Romper los puentes con Rusia nos perjudica a todos. Como siempre, los países mediterráneos, con más solera y sabiduría que los países norteños son, somos, los más juiciosos.

Ello se vio en la política de sanciones a Rusia que, sobre todo, más que a los rusos, nos ha perjudicado en Europa a quienes, como España, Francia o Italia, exportábamos productos del sector primario que Rusia necesita. Siempre fuimos bastante más escépticos con esas sanciones que el resto de Europa, pero por imponerlas la UE no rechistamos. Y más claro se ha visto en la política de visados: Francia, Italia, Grecia y España sí dan visados turísticos a los rusos. Lógico, pues somos países en buena parte dependientes del turismo. En cambio, Alemania y Países Bajos, y no digamos Polonia y los países bálticos o los nórdicos se niegan. Allá ellos. El turismo ruso es un turismo de calidad y con mayor gasto por persona que el británico, por ejemplo.

Sanciones económicas que van contra la propia Europa; negación de visados al turismo de calidad; interrupción de los contactos comerciales y de inversión; negativa a comprar gas o petróleo a Rusia para cómpraselo más caro a los USA. Europeos: ¡sois unos genios! Pero no es eso lo peor. Lo peor es que se niegue el diálogo y la diplomacia, a diferencia de lo que hacen los USA de Trump, que no la descuidan con Rusia y además les interesa en este momento. ¿Y, a la vez, la UE quiere estar en la mesa de negociaciones con Rusia sobre la paz en Ucrania? Ridículo.

Pero, en realidad, ¿qué está pasando? Resumamos cómo funciona la UE. El Consejo (los gobiernos de cada país) transmite instrucciones a la Comisión (cuyos miembros nadie ha elegido, sino cooptado), a cuyo timón en política exterior están la inaudita von der Leyen y la insensata Kaja Kallas, partidarias de la guerra contra Rusia, que difícil resulta saber si han huido de un manicomio o intentan crearlo en Bruselas. Y la Comisión toma las decisiones y comete los errores

Tremendo dislate contra el que Francia e Italia han levantado la voz de alarma. Por desgracia, España no cuenta en esta ecuación, porque al nefasto Sánchez no le interesa la verdadera política, que es la política exterior, y sólo se preocupa, con el risible Albares, de mantenerse en el poder.

Hay que dialogar con Rusia. Y es necesaria la paz en esta guerra mediante el diálogo y la diplomacia. Si no se firma la paz ahora, Rusia seguirá avanzando inexorablemente hacia el Oeste y tomarán Odesa, con lo que Ucrania quedará sin salida al mar como Estado roto y fallido.

Inteligente y oportuna es la iniciativa de Francia e Italia para restaurar puentes con Rusia. Ojalá los demás la secunden. No será fácil. Pero es el único modo con el que Europa no pierda la comba de la Historia.

Artículo publicado en “La Razón”, el 18 de marzo de 2026. Reconstruir los puentes con Rusia (I)

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